Además, un buen vocero; muchas gracias Gareca

Por Carlos Lozada Mendívil, Director de Proyectos de APOYO Comunicación

APOYO Comunicación, Además, un buen vocero; muchas gracias Gareca

¿Quién diría que un día podríamos aprender a comunicarnos mejor mirando a un futbolista?

Hay varias lecciones que nos está dejando Rusia 2018: se puede cambiar radicalmente una gestión cuando hay voluntad y personas correctas y la FPF es un ejemplo de ello, podemos rescatar lo positivo de nuestra gente y unirla en una causa y la Selección de Todos es una muestra; incluso podemos canalizar la energía hacia causas más profundas: la campaña de un grupo editorial preguntándonos ¿Para qué Perú juegas? estimula un compromiso más sólido con el futuro del país.

Pero una enseñanza clave que nos atañe a los que estamos en el mundo de la comunicación es la calidad de Gareca como vocero. Como voz autorizada a la cual escuchar y que nos transmite más que solo ideas ¿por qué?

¿Qué le pedimos a un vocero?

Conocimiento, Gareca conoce sus temas y el entorno en que se mueve.

Gareca demuestra su conocimiento de todas las condiciones del campeonato peruano en cuanto a su geografía y como esto influye en la condición del jugador peruano.

Sinceridad, Gareca habla con sinceridad y la verdad prima

En el intervalo evita poner excusas, luego de un empate de local contra Venezuela, a un periodista desafiante y le responde que el equipo que jugó los 90 minutos es su equipo y que dependerá del periodista calificarlo como bueno o malo ante su audiencia.

Empatía, Gareca genera empatía y conecta con su audiencia

En el intervalo se muestra cómo celebra la clasificación al mundial con mucha compostura, pero con los ojos llenos de lágrimas, lo que refuerza la imagen que brindó desde el inicio al público peruano de entrenador serio y comprometido con su trabajo.

Pero sobre todo Mensajes claros, Gareca la tiene clara y lo dice claro

Ante las especulaciones por la sanción de Paolo Guerrero y la lista final de convocados al Mundial, Gareca advierte que se pronunciará primero sobre este tema y luego no aceptará ninguna otra pregunta ya que quiere hablar sobre lo estrictamente futbolístico. Marca una pauta clara para que los periodistas deportivos no le quieran sacar un titular polémico.

Por lo tanto, Gareca logra lo más importante que puede hacer un vocero, llegar y convencer, persuadir a sus jugadores, a los dirigentes, a los hinchas e incluso a los periodistas profesionales.

Después de ver la actuación del DT de Perú en este campo, queda claro que no es negociable la improvisación para llegar al público y colocar los mensajes clave que requiere una organización. Es evidente que Gareca se concentra y se prepara, como si fuera a salir al campo de juego, también para salir al campo de la palabra.  Y sin pretenderlo lograr 98% de aprobación a su trabajo en las encuestas. Algo que cualquier empresa anhelaría. 

Gareca nos enseña como buen “Profe” que hay que ser capaces de ponernos en el lugar del otro para adelantarnos a las preguntas “difíciles” y tener los mensajes simples y oportunos que transmitan tranquilidad y solvencia. Estar convencidos que nadie sabe más de lo nuestro que nosotros mismos y transmitirlo con esa combinación de aplomo y humildad que el DT de la Selección nos muestra en cada Conferencia o declaración pública.

La experiencia clasificatoria, los partidos de la primera fase y finalmente los goles ante Australia, han sido una muestra clara de que con disciplina y preparación los logros llegan y llegamos a un mundial que no olvidará fácilmente el paso del Perú y su hinchada. Un paso quizá breve y no por ello menos significativo- eso vale mucho en lo deportivo, en lo profesional y empresarial- además genera valor. Un buen vocero es un líder pero además una gran inversión, la Selección lo tiene, las buenas empresas también requieren uno, créanme hace una gran diferencia en la construcción de la imagen y el fortalecimiento de la reputación. Y la imagen del Perú en Rusia 2018 ha quedado muy en alto.

En todo caso, algo más que agradecer a Gareca y a la FPF. ¡Arriba Perú!