El discurso de 28 de julio desde un enfoque comunicacional

Por Gabriel Ortiz de Zevallos, Presidente Ejecutivo de APOYO Comunicación.

El mensaje de 28 de julio mostró que el Presidente Vizcarra tiene mejores reflejos políticos que los que se le habían reconocido. ¿Qué lecciones comunicacionales se pueden extraer?

  1. Supo leer la coyuntura y conectar con la indignación ciudadana por la corrupción, que era el gran tema central. 
  2. Entendió que, frente a una crisis de credibilidad de esta magnitud, las percepciones se vuelven un poco extremas: o eres parte de la solución o eres parte del problema. 
  3. Mostró liderazgo e iniciativa respecto del problema, enumerando medidas (aún cuando tuvieran vacíos e imprecisiones por resolver).
  4. Si bien fue un discurso largo, no fue tan disperso como otros: quedó claro cuál era el tema central y las medidas planteadas al respecto. 
  5. Tocó temas duros (o conflictivos), pero fue cuidadoso en la forma: mencionó a Montesinos al inicio de su discurso, pero no atacó al fujimorismo; planteó la no reelección congresal, pero no criticó al Congreso. La comunicación muchas veces requiere abordar temas espinosos, y en esos casos, el fraseo cuidadoso se vuelve crucial. 

Se ha criticado que la no reelección congresal es inconveniente. Es cierto que no es una buena propuesta, pero genera un espacio para negociar las demás. ¿El Congreso estaba interesado en la reforma judicial o política, si se hubieran planteado solas? Si así fuera, lo hubieran debatido antes. La no reelección congresal es un tema que el Congreso va a querer sacar del paquete, lo que ayuda a que no bloquee el resto, por temas de imagen. 

También que habían otras reformas más importantes. Pero, en un país sin partidos políticos mínimamente sólidos, con un debate de bajo nivel en el Congreso; y con la corrupción y sectores ilegales que no van a dejar de pelear por los espacios de poder que han logrado obtener, ¿es razonable esperar que podría surgir una agenda de reformas muy bien estructurada? En el tema judicial, ha habido un proceso y especialistas que ayudaron a fijar la agenda, lo que no ha ocurrido en el campo político. Con que haya algunas reformas importantes ya es un avance frente a la situación actual. 

Algunas voces del sector empresarial criticaron también que no se mencionaran o priorizaran temas que son muy relevantes para mejorar la economía peruana. Es totalmente cierto que el Perú necesita impulsar varias reformas y también que el Estado debe facilitar en vez de entorpecer la inversión privada. Pero el contexto en el que se dio el discurso es uno de natural exacerbación de la desconfianza ciudadana por los audios difundidos. ¿Podía el Presidente actual, en ese contexto y dadas las circunstancias que lo llevaron a asumir el cargo, dar un discurso enumerando las reformas económicas que el Perú necesita? ¿Tenía el capital político y la oportunidad para hacerlo? Es bien difícil argumentar que sí. El contexto era uno donde el ciudadano de a pie había escuchado que ni siquiera la violación de una niña se libraba de negociaciones corruptas. Sin empatía, la comunicación se quiebra, punto.   

Sin duda lo que falta no viene fácil, y requiere no sólo que el gobierno obtenga quick-wins, sino también de que logre la colaboración de voluntades para asegurar esos logros. Para empezar, por ejemplo, habría que estar seguro de que se va a poder organizar bien las elecciones regionales y municipales, teniendo a la ONPE (y al CNM, institución a la que le tocaría nombrar al reemplazo) en situaciones excepcionales. Logísticamente, estas son las elecciones más complicadas (120 mil candidatos, con cédulas de votación distintas por cada distrito). La ONPE tiene que tener el equipo gerencial que le permita organizar elecciones que no generen ninguna duda. Lo peor que podría pasar es que no pudiéramos empezar el 2019 con autoridades legítimas por deficiencias del proceso electoral. 

Y, si bien la economía da muestras de recuperación, el resto de factores que afectaban el panorama político sigue presente. La izquierda, dividida, va a querer capitalizar el descontento. Va a seguir la oposición de ciertos grupos a los proyectos mineros. Por lo tanto, la promoción criteriosa, tanto de políticas como de proyectos que sean favorables a la inversión privada y a la generación de  empleo va a seguir siendo prioritaria, y cada vez va a tener que tener más cuidado en generar credibilidad y empatía, respetando y aclarando temores, en un entorno de incredulidad exacerbado, y demostrando con acciones o argumentos concretos cómo el éxito empresarial ayuda al bienestar del ciudadano.